
Las jacarandas, esos árboles de flores moradas que llenan de color calles y parques en primavera son un espectáculo que muchos adoramos. Pero detrás de su belleza hay una pregunta que no todos se hacen: ¿son especies invasoras? La respuesta no es tan simple como un sí o un no, porque depende de dónde estén y cómo se comporten en ese lugar.
El jacarandá o jacaranda (Jacaranda mimosifolia), árboles de gran belleza conocidos por sus llamativas flores moradas, tienen su origen en Sudamérica. En las tierras cálidas y boscosas del noroeste de Argentina, Bolivia y el sur de Brasil es donde surgieron. En estas regiones crecen de forma natural, haciendo parte de un ecosistema donde no causa problemas.
Todo cambió en los siglos XVIII y XIX. Debido a su atractivo estético y su capacidad de adaptación, las jacarandas fueron introducidas en diversas partes del mundo, en países como México, España, Estados Unidos, Japón y Sudáfrica. Aunque en estos países se han convertido en un símbolo cultural, como ocurre en Ciudad de México, donde su floración anual es un espectáculo, no debemos olvidar que están fuera de su ambiente natural.
¿Son las jacarandas son especies invasoras? La respuesta no es tan sencilla
Antes de responder a esta pregunta, es importante entender qué es una especie invasora. Se considera invasora a aquella planta o animal introducido en un ecosistema ajeno a su lugar de origen que, debido a su rápida propagación comienzan a generar problemas, como desplazar a especies autóctonas, afecta la biodiversidad y altera el equilibrio ecológico.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de algunos de sus expertos y publicaciones, ha señalado que las jacarandas pueden ser consideradas invasoras en México. Según explica Ivonne Guadalupe Olalde Omaña, especialista en árboles del Instituto de Biología de la UNAM, las jacarandas en México alteran «la red de interconexiones con otros microorganismos de la zona» y también le restan espacio físico a los árboles que sí son nativos del país.

Pero no todo es negativo. En países como México o Colombia, su impacto es mixto y no hay un consenso oficial sobre su declaración como especie invasora. Por ejemplo, en ciudades como Guadalajara, Ciudad de México o Bogotá, en su mayoría se considera más un adorno que una amenaza puesto que el concreto limita su expansión y no suelen invadir ecosistemas autóctonos. En zonas rurales el panorama puede ser distinto, algunos notan que brotan espontáneamente en terrenos baldíos, mostrando un potencial invasor.
En ciertas regiones, como Sudáfrica y algunas partes de Australia, se han clasificado como especies potencialmente invasoras. Esto se debe a su alta capacidad de regeneración y propagación mediante semillas, lo que les permite colonizar ciertas áreas de vegetación nativa y competir con especies locales por recursos como agua, luz y nutrientes.
¿Cuál es la conclusión?
A diferencia de otras especies invasoras agresivas, las jacarandas no generan un impacto ecológico severo en la mayoría de los países donde han sido introducidas. Las jacarandas se han convertido en parte del paisaje urbano, aportando sombra y embelleciendo las ciudades. Su crecimiento no suele ser descontrolado y, al ser utilizadas principalmente en zonas urbanas, no afectan directamente los ecosistemas naturales.
Por estas razones no son consideradas especies invasoras en la mayoría de los países donde han sido introducidas. Sin embargo, cualquier especie ajena, su plantación debe hacerse con responsabilidad para evitar posibles impactos negativos en los ecosistemas locales. En su origen sudamericano, son inofensivas; en Sudáfrica, una plaga; en México, una belleza paisajística con matices.