
El telescopio James Webb ha conseguido una nueva primicia al capturar las auroras de Neptuno. Este hallazgo no es solo una imagen bonita, es una puerta que se abre para resolver los enigmas de un gigante helado que, hasta ahora, se había resistido a mostrarnos su luz.
Las auroras de Neptuno: un misterio resuelto gracias al telescopio James Webb
Un estudio liderado por Henrik Melin, de la Universidad de Northumbria, utilizó el espectrógrafo de infrarrojo cercano (NIRSpec) del Telescopio Espacial James Webb (JWST) para obtener datos sin precedentes sobre la atmósfera de Neptuno. Por primera vez en la historia, tenemos imágenes claras y detalladas de auroras en Neptuno.
Las auroras son un fenómeno colorido conocido en la Tierra por sus impresionantes luces polares. Se producen cuando partículas cargadas interactúan con el campo magnético de un planeta y colisionan con su atmósfera, emitiendo luz en el proceso. Si bien se habían detectado indicios de auroras en Neptuno desde la visita de la sonda Voyager 2 en 1989, hasta ahora no se había logrado confirmarlas con imágenes directas. La confirmación de auroras en el lejano planeta ha sido un misterio que se acaba de resolver.
«Resulta que obtener imágenes reales de la actividad auroral en Neptuno solo fue posible gracias a la sensibilidad del Webb en el infrarrojo cercano», dijo en un comunicado Henrik Melin, autor principal de la Universidad de Northumbria, quien dirigió la investigación en la Universidad de Leicester. «Fue impresionante no solo ver las auroras, sino también el detalle y la claridad de la señal que las caracterizan».
En Neptuno las auroras no juegan según las reglas que conocemos. Aquí en la Tierra, o incluso en Júpiter, las auroras danzan cerca de los polos. En Neptuno, aparecen en latitudes medias, como si el planeta hubiera decidido pintar su ecuador con luz. ¿La razón? Su campo magnético, descubierto por Voyager 2, está inclinado 47 grados respecto a su eje de rotación. Eso desplaza las auroras lejos de los polos, dándole al planeta un estilo único en el vecindario solar.
No solo capturaron la presencia de auroras, sino que también identificaron una fuerte emisión del ion trihidrógeno (H3+), un marcador clave de actividad auroral en los gigantes gaseosos. Las imágenes muestran estas auroras como manchas brillantes en tonos cian, destacando sobre la neblina azulada del planeta.
Uno de los hallazgos más intrigantes es que por primera vez desde 1989, los científicos midieron la temperatura en la cima de la atmósfera de Neptuno. Los datos de Webb revelaron que esta región se ha enfriado varios cientos que la Voyager 2 midió la temperatura en 1989. Esto explica por qué las auroras de Neptuno han permanecido ocultas durante tanto tiempo: una atmósfera más fría reduce la intensidad del brillo auroral.
«Me quedé atónito: la atmósfera superior de Neptuno se ha enfriado varios cientos de grados», dijo Melin. «De hecho, la temperatura en 2023 era un poco más de la mitad que en 1989».
Ahora sabemos que las auroras de Neptuno existen y, gracias al Webb, hemos logrado capturarlas con una claridad sin precedentes. El descubrimiento marca un antes y un después en la exploración de los gigantes helados de nuestro sistema solar. A futuro esta nueva ventana puede ayudar a comprender mejor la estructura de su campo magnético y revelar por qué es tan diferente al de otros planetas.