
A 2.5 millones de años luz de nosotros, la galaxia de Andrómeda se alza como un titán cósmico, en condiciones ideales es incluso visible a simple vista como una mancha difusa del tamaño de la Luna llena. Sin embargo, tras esa tenue silueta se esconden docenas de galaxias satélite que ahora han quedado al descubierto gracias al telescopio Hubble.
El Hubble de la revela una vista del ecosistema de la galaxia de Andrómeda
En un estudio reciente publicado en The Astrophysical Journal, utilizaron al telescopio espacial Hubble para mostrar un vecindario estelar radicalmente distinto al de nuestra Vía Láctea. Estamos hablando de la galaxia de Andrómeda (M31), con una masa que podría duplicar la de nuestra galaxia, parece haber vivido un pasado turbulento, marcado por una colisión masiva con otra galaxia hace miles de millones de años.
Gracias a más de 1.000 órbitas dedicadas, el Hubble ha trazado un mapa tridimensional de galaxias enanas que orbitan a la galaxia de Andrómeda, revelando no solo su danza orbital, sino también la historia de cómo han formado estrellas durante los más de 13 mil millones de años de existencia del universo.

Observar este sistema desde fuera es un privilegio único. Estudiar las satélites de la Vía Láctea es como intentar armar un rompecabezas desde dentro, y la galaxia de masa similar a la nuestra M81 está a 12 millones de años luz, más lejos que Andrómeda. Esto vuelve todo un reto estudiar el ecosistema de galaxias satélites. Andrómeda ofrece una ventana perfecta para observar y descifrar los misterios de estas pequeñas galaxias.
Los científicos descubrieron que el sistema de Andrómeda es un caos asimétrico, con diversas pistas de un pasado agitado. La influencia gravitacional de Andrómeda actúa como un escultor cósmico, moldeando el destino de sus satélites. Gracias a estas observaciones podemos tener una idea más clara de cómo evolucionan estos objetos en diferentes partes del universo, sin estar limitados a las que conocemos sobre nuestra Vía Láctea.
«Todo lo que se encuentra disperso en el sistema de Andrómeda es muy asimétrico y está perturbado. Parece que algo significativo ocurrió no hace mucho tiempo», dijo en un comunicado el investigador principal Daniel Weisz de la Universidad de California en Berkeley. «Siempre hay una tendencia a utilizar lo que conocemos de nuestra propia galaxia para extrapolarlo de manera más general a las otras galaxias del universo. Siempre ha habido dudas sobre si lo que estamos aprendiendo en la Vía Láctea se aplica de manera más amplia a otras galaxias. ¿O hay más diversidad entre las galaxias externas? ¿Tienen propiedades similares? Nuestro trabajo ha demostrado que las galaxias de baja masa en otros ecosistemas han seguido caminos evolutivos diferentes a los que conocemos de las galaxias satélite de la Vía Láctea».
Algo curioso es que la mitad de estas galaxias enanas conocidas están alineadas en un plano y giran en la misma dirección. Es un misterio que desconcierta a los astrónomos, siendo una sorpresa total descubrir tal configuración. Entre las compañeras satélites de Andrómeda destaca por su brillo Messier 32 (M32), una galaxia compacta que podría ser el corazón desgarrado de una colisión antigua, y que también incluye una sorpresa: sus estrellas se formaron en etapa temprano, pero siguieron hasta tiempos muy posteriores, algo que no se había visto ni siquiera en las simulaciones.
El Hubble, y el James Webb, nos están dando las herramientas para retroceder en el tiempo y reconstruir este ballet estelar. En unos años, con más datos, podremos ver cómo este ecosistema ha evolucionado, desvelando los secretos de Andrómeda y, con ellos, ajustar nuestros modelos para extrapolarlos al resto del universo.