
Algunas despedidas se convierten en verdaderas obras de arte, al menos a escala del Universo. Este es el caso de la impresionante imagen capturada por el Hubble que muestra la nebulosa planetaria Kohoutek 4-55, una despedida cósmica que parece pintada a mano sobre el lienzo oscuro del universo.
El canto del cisne de una estrella: Hubble captura los últimos momentos de la nebulosa Kohoutek 4-55
Ubicada a unos 4,600 años luz de la Tierra, en la constelación del Cisne (Cygnus), la nebulosa planetaria Kohoutek 4-55 es lo que queda de una estrella moribunda, una gigante roja que ha agotado su combustible. En su fase final, la estrella expulsó sus capas externas al espacio, dejando expuesto su núcleo extremadamente caliente. Esa intensa energía ultravioleta es la responsable de iluminar los restos gaseosos, haciéndolos brillar con distintos colores según su composición.
En esta imagen captada por el Telescopio Espacial Hubble de la NASA/ESA, los tonos rojizos y anaranjados representan el nitrógeno, el verde es hidrógeno y el azul corresponde al oxígeno. El resultado es una vista casi onírica: un anillo brillante rodeado por una capa difusa y un halo externo más tenue, en una estructura poco común que revela la complejidad del proceso de muerte estelar. Es un espectáculo visual, pero también un recordatorio de lo fugaz que es este momento: en apenas decenas de miles de años, el núcleo se enfriará en una enana blanca, y las nubes dejarán de brillar.

Las nebulosas planetarias como Kohoutek 4-55 son el canto de cisne de estrellas gigantes que han agotado su combustible. Aunque su nombre dice nebulosa planetaria, no tiene relación directa con planetas, se llama así porque los primeros astrónomos los confundieron con discos planetarios al observar estos objetos con telescopios primitivos. El Sol cuando agote su combustible, acabará también de este modo.
Kohoutek 4-55 no solo marca el final de una estrella, sino también el de una era para el propio Hubble. Esta fue una de las últimas imágenes tomadas por la Cámara Planetaria y de Gran Campo 2 (WFPC2), un instrumento que formó parte del telescopio desde 1993 y que fue responsable de muchas de sus imágenes más icónicas. En 2009, durante la última misión de mantenimiento del Hubble, la WFPC2 fue retirada y reemplazada por una cámara más avanzada. Apenas diez días antes de su retiro, esta cámara registró la imagen de Kohoutek 4-55, como si se despidiera del universo con una última y majestuosa visión.
Aunque esta nebulosa solo brillará por unos pocos miles de años más, su belleza perdurará gracias a observaciones como esta. Eventualmente, todo lo que quedará será una enana blanca: un pequeño y denso residuo estelar que ya no podrá iluminar los gases que la rodeaban. Los elementos expulsados por estas estrellas enriquecen el espacio, formando las semillas de futuros sistemas estelares.