
Imagina un universo donde los planetas no solo orbitan en silencio, sino que se deshacen en pedazos, dejando tras de sí colas de polvo que brillan como cometas moribundos. Esto está sucediendo en la realidad, y lo hemos visto por primera vez gracias al telescopio James Webb y el Satélite TESS.
Dos planetas se desintegran ante nuestros ojos: el James Webb y TESS revelan evento cósmico violento
Dos equipos de astrónomos, uno de Penn State y otro del MIT, han atrapado en acción a dos mundos rocosos identificados como K2-22b y BD+05 4868 Ab mientras se evaporan bajo el calor abrasador de sus estrellas. Es la primera vez que el JWST y TESS capturan con tanto detalle la desintegración de dos exoplanetas, revelando su composición interna. Los hallazgos se presentaron en la Reunión de la Sociedad Astronómica Estadounidense de 2025.
El equipo de Penn State puso el ojo del Telescopio Espacial James Webb (JWST) en K2-22b, un exoplaneta que gira alrededor de su estrella cada 9.1 horas a una temperatura infernal de 2100 Kelvin (1826°C). Este calor extremo vaporiza roca y hierro, creando una nube de polvo que se extiende como una cola cometaria. Al analizar los datos encontraron indicios de silicatos, típicos del manto terrestre, junto a sorpresas como dióxido de carbono (CO₂) y óxido nítrico (NO), algo más propio de cometas helados que de mundos rocosos.

Por su parte, el equipo del MIT utilizando el Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS) descubrió a BD+05 4868 Ab, el exoplaneta desintegrándose más cercano a nosotros. Este mundo, que orbita su estrella cada 30.5 horas, pierde material a un ritmo acelerado: el equivalente a una Luna cada millón de años. Este exoplaneta tiene dos colas de polvo que se extienden por 9 millones de kilómetros. Dado que el planeta tiene una masa similar a la de la Luna, se estima que desaparecerá por completo en uno o dos millones de años.
«Estos planetas literalmente están derramando sus entrañas en el espacio para nosotros, y con el JWST finalmente tenemos los medios para estudiar su composición y ver de qué están realmente hechos los planetas que orbitan otras estrellas», dijo en un comunicado Nick Tusay, estudiante de doctorado en Penn State que trabaja en el Centro de Exoplanetas y Mundos Habitables, y autor principal de uno de los estudios.
Los científicos consideran a este descubrimiento como una oportunidad extraordinaria y fortuita para comprender el interior de los planetas terrestre. De por sí es sumamente complicado descubrir planetas más allá del sistema solar, encontrarnos con este par peculiar se puede considerar como algo afortunado. Con K2-22b y BD+05 4868 Ab, a cientos de años luz, podemos aprender sobre cómo se desintegran y de sus capas interiores, algo que no podemos hacer ni siquiera en nuestro vecindario; es una oportunidad única que no tenemos con los planetas cercanos.
Los dos artículos que detallan los hallazgos sobre los exoplanetas K2-22b y BD+05 4868 Ab se encuentran disponibles como preimpresiones, a la espera de su revisión por pares.