
Los astrónomos han identificado un agujero negro supermasivo ubicado a 12.900 millones de años luz de la Tierra, el cual está lanzando potentes chorros de energía hacia nuestro planeta. Este fascinante objeto cósmico, conocido como J0410−0139, pertenece a una rara clase de agujeros negros denominada blázar.
Los blázares son agujeros negros supermasivos que residen en el núcleo de galaxias activas. Lo que los hace únicos es su capacidad para emitir potentes chorros de energía cargados de partículas que viajan casi a la velocidad de la luz. En el caso de J0410−0139, uno de estos chorros está perfectamente alineado con la Tierra, lo que permite a los astrónomos observar directamente los procesos cercanos al agujero negro. Esta alineación importante para estudiar el comportamiento y evolución de este tipo de objetos.
J0410−0139 es especialmente relevante porque data de una época en la que el universo tenía menos de 800 millones de años, conocida como el período de reionización, cuando se estaban formando las primeras estrellas y galaxias. Con una masa estimada de 700 millones de veces la del Sol, este blázar desafía las teorías actuales sobre la formación y evolución de los agujeros negros en el universo temprano, sugiriendo que estos podrían haber crecido más rápido o de manera distinta a lo que se pensaba hasta ahora.
Un agujero negro supermasivo que está expulsando un rayo de energía directamente hacia nosotros
Este nuevo estudio, publicado en The Astrophysical Journal Letters, fue posible gracias al uso de avanzados instrumentos astronómicos, como el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), el Observatorio de rayos X Chandra y los telescopios Magallanes. Estas herramientas permitieron detectar señales de radio y rayos X emitidas por J0410−0139, que viajaron miles de millones de años luz antes de llegar hasta nosotros.

“La alineación del chorro de J0410−0139 con nuestra línea de visión permite estudiar directamente los procesos más profundos en el núcleo de esta potencia cósmica”, explicó el Dr. Emmanuel Momjian, del Observatorio Nacional de Radioastronomía. Este fenómeno convierte al blázar en un “laboratorio cósmico” único para analizar la interacción entre agujeros negros, sus chorros y el entorno que los rodea.
El descubrimiento de J0410−0139 establece un nuevo récord, superando al anterior blázar más distante conocido, PSO J0309+27, ubicado a 12.800 millones de años luz. Aunque 100 millones de años puedan parecer insignificantes en términos cósmicos, esta diferencia temporal representa un momento clave en la evolución de los agujeros negros y sus galaxias anfitrionas.
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Según Silvia Belladitta, una de las investigadoras del estudio, “este blázar es solo la punta del iceberg; probablemente hay cientos más esperando ser descubiertos”. Esto sugiere que los agujeros negros supermasivos eran más comunes en el universo primitivo de lo que se creía, lo que plantea nuevas preguntas sobre la formación de las primeras estructuras cósmicas.
Estudiar blázares como J0410−0139 es fundamental para comprender cómo se formaron y evolucionaron los primeros agujeros negros supermasivos, así como su interacción con el entorno galáctico. Los científicos esperan que este descubrimiento sea útil para más investigaciones y búsquedas de objetos similares de etapas tempranas del universo.