
Durante el día podemos experimentar momentos en los que el agotamiento físico y mental aumentan y los niveles de energía son cada vez menores. Ante esta situación se pueden llevar a cabo algunos cambios para sentirse revitalizados durante el día.
Aumenta los niveles de energía
Realiza actividad física: Aunque pueda parecer que el ejercicio es la última prioridad cuando no se tiene energía, la actividad física regular puede reducir la fatiga a largo plazo, proporcionando más energía. A través de la práctica constante, tu resistencia aumenta y experimentas una mejora en tu bienestar general. Incluso pequeñas sesiones de ejercicio pueden marcar la diferencia, ya que estimulan la liberación de endorfinas, mejoran la calidad del sueño y contribuyen a un estado mental más positivo, contrarrestando la sensación de agotamiento.
Toma suficiente agua: La falta de energía puede deberse a una leve deshidratación, afectando la concentración y la memoria incluso con una pérdida de solo el dos por ciento de agua corporal. Mantenerse bien hidratado es crucial para un rendimiento cognitivo óptimo, ya que el agua es esencial para procesos biológicos clave. Consumir suficientes líquidos durante el día puede mejorar la claridad mental y contrarrestar la sensación de lentitud asociada con la deshidratación.
Dormir lo suficiente: La importancia del sueño en los niveles de energía es innegable. Un sueño adecuado y de calidad es esencial, según los expertos. La falta de descanso puede afectar negativamente los niveles de energía, la concentración y la memoria. Adicional a esto, estudios sugieren que la falta de sueño puede aumentar la resistencia a la insulina, un factor relacionado con el desarrollo de enfermedades metabólicas. La duración y calidad del sueño impactan directamente en la función cognitiva y el bienestar general. Priorizar el descanso adecuado es una de las mejores maneras de mantener altos niveles de energía.
Comer adecuadamente: La elección de alimentos juega un papel crucial en mantener niveles de energía estables. Optar por alimentos con bajo índice glucémico, que liberan azúcares de manera gradual, ayuda a evitar los picos y caídas abruptas de energía asociados con azúcares y almidones refinados de absorción rápida. Estos alimentos proporcionan una liberación sostenida de energía, manteniendo la vitalidad a lo largo del día. Incluir opciones más saludables en la dieta no solo estabiliza los niveles de azúcar en sangre, sino que también contribuye a un estado general de bienestar.
Evitar el estrés: El estrés consume mucha energía. Intente introducir actividades relajantes en su día a día, como la meditación o el ejercicio ligero. Estos hábitos pueden ayudar a reducir la tensión emocional y física, liberando recursos para aumentar la vitalidad y mejorar el bienestar general. Disminuir el estrés no solo beneficia la salud mental, sino también disminuye la fatiga y mejora la salud, contribuyendo así a un estilo de vida más equilibrado y saludable.
Evita la cafeína: La cafeína, un potente estimulante, proporciona una sensación de alerta, pero su consumo desmedido puede desregular los patrones de sueño, generando dificultades para conciliarlo y, como consecuencia, fatiga diurna. Aunque inicialmente puede mejorar la concentración y el estado de ánimo, su impacto a largo plazo en puede resultar contraproducente, afectando negativamente la energía general y el bienestar. Moderar el consumo de cafeína y ser consciente de sus efectos en el sueño puede ayudar a mantener los niveles de energía equilibrados.
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Combate la fatiga en pocos minutos

- Realizar estiramientos simples y practicar respiraciones profundas puede mejorar la circulación y disminuir la fatiga.
- Realiza un breve paseo al aire libre, incluso de 10 minutos, estimula la circulación y revitaliza.
- Practicar respiraciones profundas no solo alivia la ansiedad y el estrés, sino que también combate la fatiga al incrementar el suministro de oxígeno al cuerpo.
- Escuchar música puede mejorar los estados de ánimo, lo que podría aumentar los niveles de energía.
- Toma una ducha, alternar entre agua caliente y fría durante la ducha puede estimular la circulación y aumentar la vitalidad.