
En una nueva imagen capturada por el Telescopio Espacial Hubble, una solitaria y majestuosa espiral galáctica roba el protagonismo del universo: se trata de NGC 3507. Aunque en esta imagen NGC 3507 brilla en solitario, no viaja sola por el cosmos.
Un torbellino cósmico: la galaxia NGC 3507 captada por el Hubble
El Telescopio Espacial Hubble de la NASA/ESA ha retratado a la galaxia espiral barrada NGC 3507, un deslumbrante remolino estelar ubicado a unos 46 millones de años luz en la constelación de Leo, el León. A primera vista, NGC 3507 parece flotar sola en el inmenso océano del cosmos, pero la historia es más compleja.
NGC 3507 no es una galaxia cualquiera. Su estructura la distingue como una espiral barrada, un tipo de galaxia donde los brazos espirales, elegantes y curvados, nacen desde los extremos de una barra central de estrellas, en lugar de surgir directamente del núcleo galáctico. Esta barra actúa como una autopista en el espacio, canalizando gas y polvo hacia el centro, donde se forman nuevas estrellas en un espectáculo de creación estelar. En la imagen, los brazos espirales de NGC 3507 parecen girar en un vals celeste, salpicados de nubes de gas polvoriento y cúmulos de estrellas brillantes.

Esta galaxia tiene una compañera cercana, NGC 3501, que no aparece en la imagen, pero cuya presencia influye en su entorno. Mientras NGC 3507 nos muestra su estructura espiral como un perfecto remolino cósmico, su compañera se ve muy diferente, alargada y etérea, como una pincelada de luz en el cielo. Sin embargo, ambas son galaxias espirales, vistas desde ángulos distintos.
Lo que hace fascinante a NGC 3507 es su estructura: es una galaxia espiral barrada, lo que significa que sus brazos no nacen del centro, sino de una barra de estrellas que atraviesa su núcleo. Este tipo de formación no es raro en el universo, pero sí especialmente llamativo por su simetría y belleza. Los brazos espirales están compuestos por estrellas jóvenes, gas interestelar y polvo cósmico, ingredientes clave para la formación estelar.
Además de las galaxias, hay un detalle curioso en la imagen. Una estrella brillante, marcada por cuatro picos de difracción, aparece cerca de NGC 3507. Esta estrella no pertenece a la galaxia espiral, sino que forma parte de nuestra propia Vía Láctea, y está ubicada a solo 436 años luz de la Tierra. Su brillo aparente es mucho mayor que el de la galaxia, debido a su proximidad, recordándonos cuán relativa es la percepción de la luz en el espacio.
Esta imagen no solo es un regalo visual, sino también una herramienta científica. Con la ayuda de espectrómetros, los astrónomos pueden analizar la luz de galaxias como NGC 3507 para entender mejor la evolución del universo, la formación de estrellas y la dinámica del universo.