
El universo está lleno de lugares asombrosos, y uno de ellos es la nebulosa Sh2-284, una gigantesca nube de gas y polvo donde nacen nuevas estrellas. Recientemente, el telescopio espacial Hubble capturó una impresionante imagen de esta región, revelando detalles ocultos.
Sh2-284: Una guardería de estrellas en nuestra galaxia la Vía Láctea
La imagen captada por el Telescopio Espacial Hubble de la NASA nos muestra una pequeña pero fascinante fracción de la guardería estelar conocida como Sh2-284. Este vasto paisaje de gas y polvo, repleto de estrellas, está ubicado a solo 15 000 años luz de distancia en la constelación de Monoceros, al final de un brazo espiral exterior de la Vía Láctea. Es una distancia cercana en términos astronómicos, para que tengas una idea nuestra galaxia tiene un diámetro de 100 000 años luz.
Es el lugar donde nacen las estrellas. En esta imagen, brillantes cúmulos de estrellas recién formadas resplandecen con un tono rosado en luz infrarroja, mientras nubes de gas y polvo, que recuerdan a esponjosas nubes cúmulos, están salpicadas de nudos oscuros de polvo más denso. La visión infrarroja del Hubble nos permite ver más allá de lo que el ojo humano podría captar, revelando estrellas en formación que estarían ocultas en un espectro de luz visible.

Créditos: Imagen terrestre: Equipo ESO/VPHAS+; Imagen del Hubble: NASA, ESA y M. Andersen (Observatorio Europeo Austral, Alemania); Procesamiento: Gladys Kober (NASA/Universidad Católica de América)
La imagen complementaria que aparece en la parte superior nos ofrece una perspectiva más completa. Es una vista desde tierra, tomada por el equipo ESO/VPHAS+, muestra las prominentes nubes de gas y polvo en luz visible, mientras que la imagen infrarroja del Hubble destaca las estrellas dentro y detrás de estas nubes. Juntas, estas observaciones pintan un retrato vívido de esta región estelar.
En el corazón de esta nebulosa se encuentra el joven cúmulo estelar Dolidze 25, aunque no aparece en la imagen del Hubble. Sus estrellas, con edades entre 1.5 y 13 millones de años (mucho más jóvenes que nuestro Sol, que tiene 4.6 mil millones de años), emiten vientos ionizantes y radiación que moldean el gas y el polvo circundante. Este impacto crea formas intrincadas y pilares que podemos apreciar en detalle.
Una ventana a estudiar el pasado del universo y origen de los elementos químicos
Un detalle curioso sobre Sh2-284 es su baja metalicidad, lo que significa que tiene pocos elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Estas condiciones se asemejan a las del universo primitivo, cuando la materia estaba compuesta principalmente por estos elementos ligeros y los más pesados apenas comenzaban a formarse en el interior de estrellas masivas mediante fusión nuclear. Por eso, el Hubble estudia esta nebulosa como parte de un esfuerzo para comprender cómo la baja metalicidad afecta la formación estelar y qué nos dice esto sobre los orígenes del cosmos.
La ventaja de observar en el espectro infrarrojo. A diferencia de la luz visible, que puede ser bloqueada por las densas nubes de Sh2-284, las longitudes de onda infrarrojas atraviesan estos velos cósmicos, revelando las estrellas que se forman en su interior. Este vistazo nos permite entender mejor los procesos ocultos de la creación estelar, que de otra manera permanecerían invisibles.
Sh2-284 no solo es un espectáculo visual, sino una ventana al pasado y al proceso de creación que sigue dando forma al universo. Cada imagen que obtenemos de ella nos acerca más a comprender los procesos que dieron origen no solo a las estrellas, sino también a los planetas y a los elementos esenciales para la vida. Gracias a telescopios como Hubble, podemos explorar estos rincones lejanos del espacio y maravillarnos con la increíble complejidad y belleza del universo.