La NASA capta por primera vez a una estrella devorando un planeta

La NASA capta por primera vez a una estrella devorando un planeta
Webb descubre un giro inesperado en el primer caso observado de una estrella devorando un planeta
Webb descubre un giro inesperado en el primer caso observado de una estrella devorando un planeta.

Observaciones recientes del telescopio espacial James Webb han reescrito la historia de uno de los eventos más sorprendentes jamás registrados: la destrucción de un planeta por parte de su estrella anfitriona. Contrario a lo que los astrónomos sospechaban inicialmente, la estrella no se expandió para engullir al planeta. En cambio, Webb reveló que el planeta fue acercándose lentamente a su final, atrapado en una órbita cada vez más estrecha, hasta ser finalmente absorbido.

Webb descubre un giro inesperado en el primer caso observado de una estrella devorando un planeta

En un drama cósmico que tiene lugar a 12,000 años luz de distancia, el Telescopio Espacial James Webb (JWST) de la NASA ha revelado un giro inesperado en lo que se creía era la primera observación de una estrella devorando un planeta. Inicialmente, los astrónomos pensaban que la estrella, ubicada en nuestra galaxia, la Vía Láctea, había crecido hasta convertirse en una gigante roja, envolviendo a un planeta cercano en su ardiente abrazo. Sin embargo, las precisas observaciones infrarrojas de Webb cuentan una historia diferente: un planeta que se precipitó hacia su fatal destino no por la expansión de la estrella, sino por el encogimiento de su propia órbita.

«Como se trata de un evento tan novedoso, no sabíamos exactamente qué esperar cuando apuntamos el telescopio en esa dirección», explicó Ryan Lau, astrónomo del NOIRLab de la Fundación Nacional de Ciencias de EE. UU. y autor principal del estudio. «Gracias a la alta resolución infrarroja de Webb, estamos obteniendo valiosos conocimientos sobre el destino final de los sistemas planetarios, tal vez incluso el nuestro».

El telescopio James Webb observó un planeta siendo absorbido lentamente por su estrella, rodeado de polvo y un disco caliente. (NASA, ESA, CSA, R. Crawford (STScI))
El telescopio James Webb observó un planeta siendo absorbido lentamente por su estrella, rodeado de polvo y un disco caliente. (NASA, ESA, CSA, R. Crawford (STScI))

La estrella protagonista de este suceso se encuentra en la Vía Láctea, relativamente cerca a unos 12,000 años luz de la Tierra. El fenómeno, oficialmente denominado ZTF SLRN-2020, fue detectado inicialmente como un destello de luz óptica por el Observatorio Palomar de Caltech en San Diego. Posteriormente, datos de la misión NEOWISE de la NASA mostraron que la estrella ya había comenzado a brillar en el infrarrojo un año antes del destello visible, insinuando la formación de polvo alrededor.

En ese momento, los científicos plantearon que la estrella, similar a nuestro Sol, estaba envejeciendo hacia una fase de gigante roja, expandiéndose lentamente durante cientos de miles de años a medida que agotaba su combustible de hidrógeno, y finalmente consumiendo un planeta en su camino. Pero el telescopio Webb, utilizando sus instrumentos MIRI (Mid-Infrared Instrument) y NIRSpec (Near-Infrared Spectrograph), contó una historia diferente.

Las observaciones de alta resolución de Webb mostraron que la estrella no era tan brillante como se esperaba para una gigante roja, descartando la idea de que se hubiera expandido para engullir al planeta. En cambio, las evidencias apuntaron a un proceso más dinámico: el planeta, aproximadamente del tamaño de Júpiter y orbitando más cerca de su estrella que Mercurio del Sol, había sido atrapado en una danza mortal. Durante millones de años, su órbita se fue reduciendo, acercándolo cada vez más hasta que rozó la atmósfera de la estrella.

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El impacto final del planeta fue espectacular. Al ser consumido, expulsó gas de las capas externas de la estrella, que se expandió y enfrió, condensándose en una nube de polvo frío durante el año siguiente. Pero el Espectrógrafo de Infrarrojo Cercano (NIRSpec) de Webb reveló un detalle inesperado: un disco caliente de gas molecular, incluyendo monóxido de carbono, girando más cerca de la estrella. Este disco se asemejaba a regiones donde se forman planetas, aunque aquí no se estaban creando nuevos mundos

Los hallazgos plantean preguntas fascinantes sobre el destino de los sistemas planetarios, incluido el nuestro. Esta observación marca la primera vez que los astrónomos han presenciado en tiempo real una estrella devorando un planeta y han estudiado sus consecuencias.

El estudio fue publicado en la revista The Astrophysical Journal.

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