
El 22 de julio de 2025 no fue un día ordinario. Aunque para la mayoría de las personas transcurrió sin mayores incidentes, este martes resultó ligeramente más corto que las 24 horas a las que estamos habituados. La causa principal radica en que la Tierra giró más rápido de lo normal, un evento que ha captado la atención de astrónomos y geofísicos en todo el mundo. Pero ¿qué implica esto exactamente y cuáles son las fuerzas detrás de este fenómeno?
El 22 de julio fue uno de los días más breves del año
El martes 22 de julio la Tierra giró un poco más rápido de lo normal, reduciendo la duración del día en aproximadamente 1.38 milisegundos con respecto al estándar de 86 400 segundos (24 horas). Este fenómeno, imperceptible en la vida cotidiana, es observado con gran atención por los científicos, ya que revela detalles complejos sobre el funcionamiento interno del planeta. Este viene siendo el segundo de los 3 días inusualmente cortos previstos para este año.
No se trata del récord histórico como se afirma en diferentes publicaciones en redes, ese honor corresponde al 5 de julio de 2024, cuando la rotación terrestre se aceleró lo suficiente para acortar el día en 1.66 milisegundos. Desde 2020, los científicos han notado una tendencia hacia una rotación más veloz de nuestro planeta, invirtiendo décadas de desaceleración gradual.
En los últimos meses, varios días han destacado por su brevedad debido a esta aceleración. Aquí va una lista de los más notables:
- 05 de julio de 2024: 1.66 milisegundos menos
- 09 de julio de 2025: 1.30 milisegundos menos
- 22 de julio de 2025: 1.38 milisegundos menos
- 5 de agosto de 2025: se prevé que dure 1.51 milisegundos menos.
¿Por qué la Tierra está girando más rápido?
La causa de estas variaciones está ligada a fenómenos geofísicos complejos. Entre los principales factores están las dinámicas del núcleo líquido de la Tierra, los cambios atmosféricos, los desplazamientos de masa en los océanos y, en especial, la influencia gravitacional de la Luna. Tal y como explicamos en un artículo anterior, durante ciertos días de julio y agosto, nuestro satélite natural se ubicó en su declinación máxima, es decir, lejos del ecuador terrestre y más cerca de los polos. Esta posición genera un torque gravitacional que acelera levemente la rotación del planeta.
Un factor adicional que influye en la rotación terrestre es el derretimiento de los hielos polares debido al cambio climático. Contrariamente a lo que podría intuirse, este proceso en realidad frena la aceleración de la Tierra. Según explica CNN Science, el derretimiento de los casquetes polares en Groenlandia y la Antártida libera agua que se distribuye por los océanos, aumentando el momento de inercia del planeta y haciendo que gire más lentamente, similar a un patinador que extiende los brazos para reducir su velocidad de giro.
Si bien esta aceleración no afecta directamente a nuestras rutinas, sí tiene implicancias importantes en ámbitos que requieren precisión extrema, como los sistemas de navegación GPS, los relojes atómicos y las comunicaciones satelitales. Estos sistemas dependen de una sincronización perfecta con el tiempo universal, y cualquier alteración en la rotación terrestre, aunque sea mínima, debe ser tenida en cuenta para mantener su exactitud.
Este fenómeno también plantea interrogantes fascinantes sobre el futuro. Hasta hace poco, la preocupación principal era la desaceleración de la Tierra, que obligaba a insertar «segundos intercalares» en el tiempo universal coordinado (UTC) para alinear los relojes atómicos con la rotación planetaria. El último segundo intercalar se añadió en 2016. Ahora, con la aceleración observada, los expertos debaten la posibilidad de un «segundo intercalar negativo» por primera vez, es decir, restar un segundo para compensar. Aunque no es inminente, este cambio podría ocurrir hacia finales de la década, según proyecciones del Servicio Internacional de Rotación Terrestre (IERS).