
Urano es un mundo azul con anillos que sigue desafiando las expectativas científicas, pero un reciente estudio de la NASA y la Universidad de Oxford arroja luz sobre uno de sus mayores misterios: su temperatura interna.
Nuevo estudio revela que Urano es más cálido de lo que se pensaba
Durante décadas, Urano ha sido una anomalía en el estudio de los planetas gigantes del sistema solar. Mientras que Júpiter, Saturno y Neptuno emiten más energía de la que reciben del Sol (una señal de su calor interno residual), Urano parecía romper esta regla. Desde que la nave Voyager 2 de la NASA lo sobrevoló en 1986, los científicos asumieron que este gigante azul carecía de calor interno, un enigma que ha desafiado teorías sobre la formación planetaria. Sin embargo, un nuevo análisis liderado por investigadores de la NASA y la Universidad de Oxford podría cambiar esa visión.
Gracias al uso de modelos computacionales avanzados y una revisión exhaustiva de datos acumulados durante décadas, los científicos han determinado que Urano sí emite más energía de la que recibe del Sol, aunque en una proporción menor que otros planetas gigantes. Según el estudio, publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, Urano libera aproximadamente un 15 % más de energía de la que absorbe. Este hallazgo se refuerza con un estudio independiente publicado el 14 de julio en Geophysical Research Letters, también financiado en parte por la NASA.
“Nos preguntamos: ‘¿Es posible que Urano no tenga calor interno?’”, dijo en un comunicado Patrick Irwin, autor principal del artículo y profesor de física planetaria en la Universidad de Oxford, Inglaterra. “Realizamos numerosos cálculos para determinar cuánta luz solar refleja Urano y nos dimos cuenta de que, en realidad, es más reflectante de lo que se había estimado”.
Para lograr esta estimación precisa, los investigadores modelaron la atmósfera de Urano integrando observaciones de telescopios terrestres y espaciales, como el Telescopio Espacial Hubble de la NASA y el Telescopio Infrarrojo de la NASA en Hawái. Factores como las nubes, las neblinas y los cambios estacionales del planeta fueron clave para afinar el cálculo de su reflectividad y emisión térmica. De ese modo los expertos evaluaron el «presupuesto energético» del planeta: cuánto calor recibe del Sol, cuánto refleja y cuánto emite en forma de radiación infrarroja.
“Desde el sobrevuelo de la Voyager 2, todo el mundo ha dicho que Urano no tiene calor interno”, dijo Amy Simon, científica planetaria del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland. «Ahora debemos entender qué significa este calor remanente y obtener mediciones más precisas».
A diferencia de cualquier otro planeta en nuestro sistema solar, Urano gira de lado, lo que provoca que cada polo enfrente al Sol durante un «verano» continuo de 42 años. Además, rota en dirección opuesta a la mayoría de los planetas, excepto Venus. Desentrañar el pasado de Urano no solo ayuda a trazar la cronología de la formación y migración de los planetas en nuestro sistema solar, sino que también es clave para comprender exoplanetas, la mayoría de los cuales tienen tamaños similares a este mundo azul gaseoso.