
Cuando nos encontramos enfermos, especialmente durante episodios de gripe, resfriados o cualquier otra enfermedad que afecte nuestras vías respiratorias o el sistema digestivo, es común notar que los alimentos no saben como de costumbre. ¿Por qué cuándo estamos enfermos la comida sabe diferente?
El sabor de los alimentos se compone de varios elementos: dulce, salado, amargo, ácido y umami. Estos sabores son detectados por las papilas gustativas ubicadas en la lengua y el paladar. Cuando estamos sanos, estas papilas gustativas trabajan en armonía con nuestro sentido del olfato y la textura de los alimentos, lo que hace que los alimentos sepan de tal manera.
¿Por qué al estar enfermo los sabores cambian?
Existen varios motivos, pero uno de los principales es la congestión nasal. Las vías respiratorias inflamadas y llenas de mucosidad pueden bloquear parcial o completamente los conductos que llevan los olores a nuestra cavidad nasal. El sentido del olfato juega un papel crucial en cómo percibimos el sabor de los alimentos, ya que la mayoría de lo que consideramos sabor proviene en realidad de lo que olemos mientras comemos. Cuando la capacidad para percibir estos aromas se ve comprometida, los alimentos pueden parecer insípidos o con un sabor reducido.
Además de la pérdida de olfato temporal debido a la congestión nasal, la enfermedad también puede afectar directamente a las papilas gustativas. Algunas infecciones virales pueden alterar temporalmente la sensibilidad de las papilas gustativas, haciendo que ciertos sabores sean menos perceptibles o incluso desagradables. Por ejemplo, alimentos normalmente sabrosos pueden parecer excesivamente amargos o ácidos durante la enfermedad.
La deshidratación es otra consecuencia común de muchas enfermedades, especialmente cuando hay fiebre, vómitos o diarrea involucrados. La falta de hidratación adecuada puede causar sequedad en la boca, lo que puede afectar la forma en que percibimos el sabor de los alimentos. La saliva juega un papel fundamental en la disolución de los alimentos y en la activación de las papilas gustativas, por lo que la sequedad bucal puede influir en nuestra capacidad para saborear adecuadamente los alimentos.
Tu cerebro también es culpable

Se ha sugerido un componente psicológico en la percepción del sabor durante la enfermedad. El malestar general, la fiebre y la deshidratación pueden afectar nuestro estado de ánimo y nuestra disposición para disfrutar de la comida. La comida, que generalmente nos proporciona placer y confort, puede convertirse en algo desagradable cuando estamos enfermos, independientemente de cómo realmente sepa.
A medida que el cuerpo se recupera y los síntomas de la enfermedad disminuyen, la capacidad para percibir los sabores y olores generalmente vuelve a la normalidad. Las papilas gustativas y el sentido del olfato recuperan su funcionalidad habitual, permitiendo que los alimentos vuelvan a ser disfrutados como antes de la enfermedad.
¿Los medicamentos pueden alterar el sabor al estar enfermo?
Sí, algunos medicamentos utilizados para tratar enfermedades pueden tener efectos secundarios que afectan la percepción del sabor. Por ejemplo, los antibióticos a menudo pueden causar una sensación metálica en la boca, lo que altera el sabor de los alimentos. Otros medicamentos pueden interferir con las papilas gustativas o con el sentido del olfato, provocando así a cambios en la forma en que los alimentos son percibidos durante la enfermedad.
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