
Aunque imposible, la idea de respirar bajo el agua ha sido del interés de muchas personas desde hace siglos. Sin embargo, a comparación de los peces, los humanos no estamos biológicamente diseñados para cumplir con esta tarea. Si quieres saber cuál es la razón por la que no podemos respirar bajo el agua, entonces sigue leyendo.
¿Por qué no podemos respirar bajo el agua?
Para contestar esta pregunta es necesario entender cómo es que funciona nuestro sistema respiratorio. Cuando inhalamos, el aire entra por la nariz o la boca y desciende por la tráquea hasta los pulmones. Dentro de los pulmones, el aire se distribuye a través de una red de vías respiratorias que se ramifican en estructuras microscópicas llamadas alvéolos.
Los alvéolos son sacos donde ocurre el intercambio de gases. Aquí, el oxígeno del aire atraviesa las membranas pulmonares y se transfiere a nuestro torrente sanguíneo. Al mismo tiempo, el dióxido de carbono, un subproducto del metabolismo es extraído de la sangre y expulsado al exhalar. Este proceso funciona perfectamente en un entorno donde el aire contiene un 21% de oxígeno, pero no está diseñado para entornos acuáticos.
Al igual que con el aire, el agua también contiene oxígeno, pero está presente de una manera diferente. En lugar de moléculas gaseosas libres, el oxígeno está disuelto en el agua, en concentraciones mucho más bajas que en el aire. Y extraer este oxígeno requiere un sistema especializado, como las branquias. Esta es la razón por la que, a diferencia de los humanos, los peces sí pueden respirar bajo el agua.

Las branquias son estructuras altamente adaptadas que permiten a los peces filtrar grandes volúmenes de agua para extraer el oxígeno necesario para sobrevivir. Las membranas de las branquias son extremadamente delgadas y están en contacto directo con los vasos sanguíneos, lo que facilita el intercambio de gases incluso en un medio líquido. Los humanos, por otro lado, carecemos de branquias y nuestras membranas pulmonares no están diseñadas para funcionar eficientemente en contacto con el agua.
En el caso de los mamíferos marinos la cosa es diferente. Aunque algunos mamíferos, como ballenas y delfines, pasan la mayor parte de su vida en el agua, tampoco respiran bajo el agua. Estos animales, al igual que los humanos, dependen del aire para obtener oxígeno. Sin embargo, han desarrollado adaptaciones que les permiten sumergirse durante largos periodos.
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Por ejemplo, las ballenas y los delfines poseen espiráculos en la parte superior de sus cabezas, lo que les permite inhalar y exhalar rápidamente al salir a la superficie. Además. Sus cuerpos son altamente eficientes en el uso de oxígeno, ya que pueden almacenar grandes cantidades de este gas en sus músculos y reducir la circulación a órganos no esenciales mientras están debajo del agua, lo que les permite maximizar su tiempo de inmersión.
Los humanos en comparación, no posemos de estas adaptaciones. Si bien podemos entrenar nuestra capacidad pulmonar para contener la respiración durante un par de minutos, nuestras limitaciones biológicas nos obligan regresar rápidamente a la superficie para poder respirar. Además, nuestro sistema respiratorio está optimizado para captar oxígeno del aire, mientras que el oxígeno disuelto en el agua requiere un mecanismo completamente diferente, como el de las branquias de los peces.