
La Tierra, a pesar de su constante movimiento, gira sobre su eje a una velocidad asombrosa de aproximadamente 1.600 kilómetros por hora en el ecuador. Sin embargo, nos encontramos en un curioso dilema: ¿por qué no percibimos este giro? Por fortuna, la ciencia es capaz de explicar este fenómeno.
Por qué no sentimos cuando la Tierra gira
Anteriormente, se creía que la Tierra estaba inmóvil mientras otros planetas se desplazaban en su órbita, no fue hasta el siglo XVI, con el modelo heliocéntrico de Copérnico, que comenzamos a comprender que la Tierra gira sobre su eje y orbita alrededor del Sol. Entonces, ¿por qué no sentimos su rotación? Una de las claves para comprenderlo es por estabilidad y constancia durante su giro.
En primer lugar, la magnitud de las aceleraciones generadas por la rotación y la órbita de la Tierra es relativamente pequeña. Nuestra capacidad para percibir el movimiento «se activa» ante fuertes aceleraciones, y las experimentadas en la Tierra son apenas perceptibles.
En segundo lugar, cuando por lo general sentimos movimiento en el día a día este se debe a cambios abruptos en la aceleración, como frenar bruscamente en un automóvil. Nuestro planeta en su constante órbita y rotación, carece de estos cambios repentinos, lo que impide que percibamos su movimiento de la misma manera que sentiríamos el movimiento de manera común, como cuando te encuentras en un automóvil y este acelera.
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El secreto está en la fuerza gravitacional

Es necesario entender que aunque exista la fuerza gravitacional de la Tierra, esta no provoca sensaciones de movimiento mientras permanezcamos en contacto con una superficie sólida. La combinación de factores, unida al hecho de que todo en la Tierra gira a la misma velocidad todo el tiempo, es la que permite que no sintamos su rotación, si no, por el contrario nos de la ilusión de que nos encontramos en reposo.
Nuestro planeta realiza una órbita alrededor del Sol a 67,100 mph (30 km/s). Además, junto con el Sol, orbita alrededor del centro galáctico a 447,000 mph (200 km/s). La galaxia, a su vez, se mueve en relación con otras galaxias. La velocidad orbital varía entre planetas debido a la distancia al Sol; Mercurio orbita 1.6 veces más rápido que la Tierra a 105,000 mph (47.4 km/s), mientras que Neptuno lo hace al 18% de la velocidad de la Tierra a 12,200 mph (5.4 km/s).
Si el planeta dejara de girar, la atmósfera persistiría en movimiento, arrastrando todo sin anclaje. Aunque no seríamos expulsados debido a la gravedad, necesitaríamos una velocidad de rotación de 28.437 km/h en el ecuador para sentirnos ingrávidos.
Como manera de conclusión, podemos decir que la ausencia de cambios bruscos en la aceleración y dirección de nuestro planeta, unida a la constancia del movimiento terrestre, son las razones principales por las cuales no sentimos que el globo esté girando. La percepción de movimiento está intrínsecamente ligada a cambios abruptos, y la Tierra, con su rotación estable genera la ilusión que que siempre permanecemos en reposo.