
En las últimas semanas, la temporada de huracanes ha tomado protagonismo en las noticias mundiales. Al leer los titulares, es probable que te hayas preguntado cuál es la diferencia entre algunos de los fenómenos que a menudo son mencionados. Si quieres saber la diferencia ente “huracán” y “tifón”, sigue leyendo porque aquí te lo explicamos.
De manera general, los términos huracán y tifón suelen generar dudas, pero ambos se refieren al mismo tipo de fenómeno, los ciclones tropicales. Estos sistemas de tormentas se caracterizan por una estructura rotativa de nubes y tormentas eléctricas y pueden tener un gran impacto en la vida de las personas y el medio ambiente.
Tal vez te preguntes qué es un ciclón tropical, este se refiere a un sistema organizado de nubes, tormentas eléctricas y vientos que rota alrededor de un centro de baja presión. Para que se forme, es necesaria una combinación de condiciones climáticas, como una perturbación atmosférica preexistente, aguas oceánicas cálidas, humedad y vientos suaves en las capas superiores de la atmósfera. Esto permiten que el sistema se fortalezca, generando vientos intensos y precipitaciones considerables.
¿Cuándo usar “huracán” y cuándo usar “tifón”?
Cuando los vientos sostenidos de un ciclón tropical alcanzan las 119 kilómetros por hora o más, se le clasifica como huracán, tifón o simplemente ciclón, dependiendo de su ubicación geográfica.
Puedes utilizar el término huracán para describir a los ciclones tropicales que se desarrollan en el Atlántico Norte, el Pacífico Norte central y el Pacífico Norte oriental, afectando áreas como el Caribe, América del Norte y América Central. Incluso existe una temporada oficial de huracanes en el Atlántico que abarca del 1 de junio al 30 de noviembre, aunque también podrían formarse fuera de estas fechas en ocasiones excepcionales.
Por otro lado, el término tifón se aplica a los ciclones tropicales que se originan en el Pacífico Noroeste, lo que afecta principalmente a países en Asia Oriental, como Japón, Filipinas y China. Aunque ambos fenómenos comparten las mismas características meteorológicas, la clave para diferenciarlos es su ubicación geográfica.
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Es decir que, mientras que los huracanes se localizan en el Atlántico Norte y el Pacífico Norte oriental y central, los tifones son propios del Pacífico Noroeste. Ambos son idénticos en su formación, estructura y amenaza potencial. En otras áreas, como el Océano Índico y el Pacífico Sur, se utiliza el término ciclón tropical de manera general para describir este fenómeno, independientemente de su intensidad o características específicas.

Antes de convertirse en un huracán o tifón, un ciclón tropical atraviesa varias etapas de desarrollo. Según indica la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la primera etapa es una depresión tropical, donde los vientos máximos sostenidos alcanzan hasta 61 kilómetros por hora. Si se intensifica y los vientos superan los 63 kilómetros por hora y el sistema pasa a llamarse tormenta tropical. Solo cuando los vientos sostenidos llegan a 119 kilómetros por hora o más, la tormenta se clasifica oficialmente como huracán o tifón.
Se debe de considerar que aunque los huracanes y tifones comparten una estructura similar, la fuente de su energía se diferencia de otros sistemas de tormenta como los ciclones extratropicales. Los ciclones tropicales, como los huracanes y tifones, obtienen su energía del calor del océano. Cuando las aguas superficiales son cálidas, el calor y la humedad se elevan y son absorbidos por la tormenta, intensificando el sistema y aumentando la velocidad de los vientos y las precipitaciones.
En cambio, los ciclones extratropicales se alimentan de las diferencias de temperatura entre las masas de aire cálido y frío en frentes meteorológicos, utilizando estas corrientes para generar vientos y tormentas en latitudes más altas.








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