La NASA está llevando a cabo una misión que busca proporcionar ayuda desde la distancia a las sondas Voyager con el fin de prolongar su duración operativa. De esta manera, la agencia espacial pretende garantizar que las dos naves sigan en funcionamiento.

Los ingenieros de la NASA están tratando de resolver el problema de la acumulación de residuos de combustible en los propulsores, ya que es esencial las antenas de las naves se mantengan apuntando a nuestro planeta. Así mismo, también están intentando resolver un problema identificado en el Sofware hace un año, actualizando el de ambas naves para así puedan seguir con sus actividades. Con estos dos objetivos la NASA busca que ambas naves puedan continuar su exploración sin posibles dificultades técnicas en el camino.

Qué es y de qué trata de misión Voyager

Las naves Voyager 1 y 2 tienen como objetivo estudiar los planetas más lejanos de nuestro sistema solar y adentrarse en el espacio interestelar. A lo largo de su viaje, recopilan información valiosa sobre el espacio exterior, además de llevar consigo un mensaje en representación de la humanidad en caso de ser encontrado por seres de otros mundos en el futuro. Estas naves han tenido un rendimiento excepcional y siguen enviando datos importantes a medida que se alejan de nosotros, en los límites del vecindario cósmico.

Aunque la misión originalmente fue diseñada para durar solo cuatro años, donde solo debía explorar Júpiter y Saturno, se amplió para que la Voyager 2 pudiera visitar Urano y Neptuno, siendo la única nave en hacerlo. En 1990, se amplió nuevamente con el objetivo de llevar a las sondas fuera de la heliosfera (la burbuja de protección solar); Voyager 1 llegó en 2012, seguida por Voyager 2 en 2018, marcando hitos asombrosos en la exploración espacial.

Nave espacial Voyager 1 de la NASA. (Créditos de la imagen: NASA)

¿En qué consiste la nueva misión de la NASA?

Los propulsores de las sondas Voyager 1 y Voyager 2 son cruciales para garantizar que sus antenas se mantengan apuntando hacia la Tierra, lo que posibilita la comunicación. Estas naves tienen la capacidad de cambiar su posición en tres dimensiones y cuando ejecutan estos movimientos, los motores se activan automáticamente para ajustar la dirección y asegurarse de que las antenas continúen apuntando a la Tierra.

Sin embargo, estos propulsores han dejado minúsculas cantidades de desechos en unos pequeños conductos llamados «tubos de entrada de propulsor», donde videntemente a medida que trascurre el tiempo el ducto a acumulado residuos. Para abordar esto, los ingenieros pretenden permitir que las Voyager realicen un ligero giro antes de activar los propulsores. Este pequeño cambio se podrá disminuir la frecuencia de encendido, y como consecuencia, prevenir las acumulaciones de residuos.

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Estas modificaciones son fundamentales, pues además de evitar la acumulación de residuos, permiten que las naves giren un poco más en cada dirección y reduzcan la cantidad de maniobras necesarias. No obstante, esta mayor rotación puede resultar en ocasiones en la pérdida de datos científicos, aunque de todos modos compensa puesto que los ajustes se han diseñado cuidadosamente para que, en el conjunto, las Voyager puedan recolectar más datos con el tiempo.

«En este punto de la misión, el equipo de ingenieros se encuentra ante numerosos desafíos para los cuales simplemente no contamos con un manual», dijo en un comunicado Linda Spilker, científica del proyecto de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en el sur de California.

Si bien, no se puede predecir con certeza cuándo los conductos de entrada de los propulsores se obstruirán por completo, se espera que estas medidas prolonguen su vida útil durante al menos cinco años, y con suerte algo más. Además, la agencia espacial está dispuesta a tomar medidas adicionales en el futuro para garantizar que la misión continúe sin problemas, para de esta manera maximizar la eficacia y durabilidad de las Voyager mientras siguen explorando el espacio profundo.

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