
Cuando aprendemos inglés nos enfrentamos a una situación un tanto particular: el inglés que se habla en Estados Unidos es diferente al que se habla en Reino Unido. Si bien, la diferencia no es profunda, la razón de esta disparidad es interesante, y a continuación te la contamos.
Diferencias entre el inglés británico y americano
El inglés que se habla en Estados Unidos y el que se habla en Reino Unido provienen de un mismo idioma, pero a lo largo de los siglos ha evolucionado de formas distintas en cada país. Si bien ambos comparten una raíz en común, sus diferencias van más allá de un simple cambio de acento. Estas variaciones se deben a una serie de factores históricos, sociales y culturales que han dado forma a los dos dialectos.
Cuando los primeros colonos británicos llegaron a América en el siglo XVII, trajeron consigo el inglés tal y como se hablaba en ese momento, el cual era bastante similar al antiguo, pero con algunas variaciones fonéticas. En ese entonces, los colonos utilizaban lo que se conoce como pronunciación “rótica”, es decir, pronunciaban la “r” en palabras como “car” o “Winter”, mientras que en Reino Unido comenzaron a omitir la «r» en su pronunciación como una forma de diferenciarse de las clases más bajas.
Esta tendencia se consolidó con el tiempo y se convirtió en lo que hoy conocemos como la pronunciación recibida o «Received Pronunciation» (RP), la cual ha sido vista históricamente como el acento estándar de la clase alta británica. Sin embargo, a medida que el inglés se asentó en América, el idioma mantuvo muchas de las características fonéticas que habían sido eliminadas en el Reino Unido, como la pronunciación de la «r».
Pero no solo la pronunciación ha cambiado, también lo ha hecho la ortografía. A principios del siglo XIX, el lexicógrafo estadounidense Noah Webster propuso una serie de reformas ortográficas que tenían como objetivo simplificar la escritura y hacerla más coherente con la pronunciación. Entre las principales reformas de Webster se encuentran la eliminación de la «u» en palabras como “color” y “honour”, que se convirtieron en «color» y «honor» en inglés americano. Además, cambió la terminación “-ise” por “-ize” en palabras como “realize” y “organize” para reflejar más fielmente cómo se pronuncian estas palabras en inglés americano.
Diferencias en el vocabulario

Otra de las diferencias más importantes entre el inglés británico y el americano es el vocabulario. A lo largo de los siglos, ambos dialectos se han visto influenciados por diferentes lenguas debido a sus respectivas historias coloniales. En el caso de Estados Unidos, el país fue una nación de inmigrantes y estuvo expuesto a una gran diversidad de idiomas, como el español, alemán y el holandés.
De hecho, es fácil identificar estas influencias al hablar inglés americano, como «cookie» (del holandés), «kindergarten» (del alemán) y «cilantro» (del español). Mientras tanto, el británico, al estar más centrado en Europa, ha tomado prestadas más palabras del francés y otros idiomas europeos. Por ejemplo, el británico dice “aubergine” (del árabe) para lo que en inglés americano se llama “berenjena”, y “coriander” para “cilantro”.
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Por último, además de las diferencias en pronunciación y vocabulario, también existen variaciones en la estructura gramatical de ambos dialectos. El inglés americano tiende a ser más directo y conciso en la forma en que se expresa. A menudo, omite ciertas palabras o estructuras gramaticales que en el inglés británico serían necesarias. Por ejemplo, un estadounidense podría decir “Les escribiré” en lugar de “Te escribiré” o “Podría” en lugar de “Podría ir”.
En resumen, los colonos que llegaron a América trajeron consigo un inglés que ya se diferenciaba del hablado en Inglaterra, ya lo largo de los años, la influencia de diversos idiomas y las decisiones lingüísticas tomadas en ambos lados del Atlántico contribuyeron a que existieran estas variaciones.